(Spoiler, pero da igual, incluso mejor)
Hay
una dicha tradicional que dice “cuando el río suena, agua lleva” y la verdad es
que es una expresión perfecta para comentar el despelote pampero que es Sharknado.
Hace
unas semanas tuve la suerte de recibir información de una película americana
sobre un tornado que absorbía tiburones asesinos en su seno y que al acercarse
a la costa de Los Angeles (sí, sí, Hollywood) los escupía sobre la
desprotegida y buena población de la ciudad, causando daños irreparables y
matanzas, sin sentido, por doquier. Ante esta información mi cerebro empezó a
realizar conjeturas de todo tipo sobre lo imposible de la situación (que por
cierto parece que comenzó a gestarse cuando el guionista de la película vio una
serie de imágenes falsas de tiburones en zonas pobladas de Nueva Orleans durante el desastre que provocaron las inundaciones
de hace unos años).